Monologos de un abuelo
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El mejor repertorio de chistes de un anciano, por la ausencia de los personajes orginales.
Un trago con La CavaEl extraño humor de 3 personas en un estudío de grabación. Los comentarios sin sentido que pueden hacer reir a la gente y hacerlos olvidar de los problemas cotidianos. Odianos, escuchanos o ambas. un podcast de TLX Monday, Nov 19, 2007Monologos de un abuelo(199 downloads)Download this episode (21 min)
El mejor repertorio de chistes de un anciano, por la ausencia de los personajes orginales.
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3 Comments:
Jaja el abuelo y su mente torcida... ey, que pedo... a dónde se fueron???? jaja
Saludos desde Rusia... besos
Pashaman
Pero culos, denme crédito, ya los están están escuchando en Rusia
Aquella noche de vino y estrellas gélidas, deambulaba el Rey con sus fieles corceles: el Jefe y Mr. Computadora.
La noche parecía larga, sin sentido y aterradora con los siniestros silencios perennes de una colonia fantasmal, hasta aquel momento, en que los sonidos del descorche hicieron presencia junto a don Tony Ayan. Fue el inicio del frenesí, entonces ya nada parecía importar, la vida pasaba deliciosa y el ambiente se volvía musical. La gracia de los ecos intelectuales en la conversación modesta de los tres caballeros, y el fuego emanante de sus bocas alumbró y dio color a la noche sideral. Pero la antorcha se extinguía y comenzaba a sofocar a la tripulación, por lo cual emprendieron a la búsqueda del elixir juvenil en el fuerte Foxxos.
En su travesía los tres nobles hicieron escala en un lugar llamado "mi Arbolito" y al terminar sus deberes en dicho lugar el Rey enfatizó, clamó y demandó:
–¿Mi trago, en dónde está mi trago? –protestaba el Rey – ¿Dónde está mi trago?
–¡Ya te lo tomaste! – aclaraba el Jefe – De verdad que ya te lo tomaste.
–¿Mi trago, en dónde está mi trago? – repetía el Rey – ¿Dónde está mi trago?
–¿A mí qué me importa? –replicaba Mr. Computadora aclaraba – yo tengo el mío.
Y siguieron marchando hacia el fuerte Foxxos, su camino hacia la libertad. Al llegar al recinto, el Rey contempló y vociferó – gilipollas, quiero nuez de la India y piba bañanda en caramelo pinto–.
Al haber encontrado el elixir y cumplido los caprichos del temerario Rey, los tres deliberaron regresar al santo recinto donde todo se originó. La noche se avivó, el aire volvió a irradiarse de esa músíca insonora y las alegrías dieron lugar en la cena crepuscular. La madrugada se asomaba y con ello el canto de un gallo desentonado. Ello daba partida al final jornalero, a lo cual el Rey no olvidaba:
–¿Mi trago, en dónde está mi trago? – lamentaba el Rey – ¿Dónde está mi trago?
El Rey
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